Uno en ocasiones puede aventurarse a afirmar rotundamente cosas que realmente no logra demostrar ni pretende, pero se lanza al vacío de la afirmación e insiste, porque considera sobre todo que determinados temas son tan ambiguos a la interpretación y el juicio es tan particular, subjetivo, que se permite hacer.

Este es, desde mi punto de vista, el caso del arte. Uno puede opinar y divagar, pues el arte está abierto a la libertad de creación y observación y, si no es así, debería ser libre e interpretado por observadores que, ya estén cualificados o no, con estudios artísticos o sin ellos puedan concluir una sensación, un “algo” que la obra de arte les transmita. Y es que el arte es libre de ser observado.

El arte como actividad y los frutos que genera forman parte de esos conceptos abstractos que han evolucionado y divagado entre las diferentes culturas, desde la religión o la transmisión de conocimientos hasta la pura percepción de un sentimiento subjetivo. El arte ha llegado incluso a poder ser cuantificado como un bien especulativo en importantes subastas donde personas con gran poder adquisitivo se plantean y deciden adquirir por grandes sumas de dinero lo que un autor, en su día, hizo porque le salía de dentro. Ahora, en su versión postmoderna, estos cuadros y obras de arte llegan a valer millones de euros. Tenemos hasta un ranking de arte en euros, con cuadros famosos de nombres como Leonardo Da Vinci, De Kooning, Paul Cézanne, Paul Gauguin, Pablo Picasso o Amedeo Modigliani.

Tantas vivencias ha tenido el arte a lo largo de la historia, tantos artistas y tantos movimientos han confluido durante siglos que parece una labor titánica tratar de alcanzar, al menos, una visión general. Os proponemos, para empezar, una breve historia del arte que podemos encontrar en todas sus diferentes versiones: pintura y dibujo, escultura, literatura, arquitectura, artes escénicas, música, cine (el séptimo arte) y otras modalidades que se han ido acercando a esta visión, como la fotografía, la artesanía, etc. Sin duda una saga que nos ayudaría a entender con precisión los elementos históricos e ideológicos que llevaron a unos y a otros artistas a desarrollar una obra. Pero considero que ahora mismo no es preciso explicar todo esto que supondría horas, días y años, para afirmar lo siguiente: No existe arte si no hay alguien para apreciarlo, valorarlo, para juzgarlo, observarlo y criticarlo, significarlo o simplemente acompañarlo. Un momento de relax ante una obra en un silencioso museo  o en una diáfana galería de arte transmite sensaciones difíciles de igualar, un canal directo de sentimientos. Desde el pintor o el escultor; en definitiva, desde el artista hasta el observador.

Un triángulo de amor y odio: el artista, la obra y el público. Los tres tienen sentido en sí mismos y, a la vez, cobran sentido por su relación entre ellos. El artista y su público, el público y la percepción de su obra. La obra: ya sea un cuadro, pintura, fotografía, etc y el artista. Toda la esencia de éste impuesta en elementos artísticos que quizá solo tengan sentido para él.

Lo que está claro es que al final quedan la obra y el público. Una o uno puede acercarse con cierto temor imaginando la imposibilidad de un diálogo entre la pintura y él. Y, literalmente la obra de arte está allí, aislada y acabada, como encerrada en sí misma. Sin embargo, esa obra de arte fue realizada por un artista, el mismo que también es un ser humano como nosotros, el público. Y necesariamente, la obra de arte debe tener mucho en común con el observador.

Y lo habitual es que llegado a este punto se diluye el mensaje, se transforma y se multiplica la interpretación, las sensaciones que las obras de arte generan son proporcionales a las personas que las interpretan, a sus miradas y a sus propias vivencias.

Exactamente igual pasa con las obras de arte en casa porque, aunque ocurra a distintos niveles, en toda casa hay obras de arte. Todas las cosas son museos de arte, otra cosa es que se aprecien a simple vista o se les de ese valor. Son innumerables las veces que el uso de algunas obras de arte se acaba mezclando con el mundo de la decoración, otorgando un valor añadido al trabajo de los arquitectos y decoradores de interiores. Esta función decorativa del arte no negativiza su valor, más bien nos muestra que en algún momento la persona que adquirió tal cuadro, escultura o fotografía se sintió tan atraída y le sedujo tanto aquella sensación que la adquirió y la expuso.

 

No hay nada como preguntar a los demás sobre una pintura, una ilustración, una música o una fotografía. Preguntar y escuchar sin censura para conocer más de los demás y de uno mismo. Ese es uno de los valores más potentes que tienen las obras de arte, generan diálogos secretos y públicos mediante unos canales que muy pocas disciplinas humanas son capaces de usar.

Por supuesto también es interesante conocer las vidas de nuestros artistas y las vivencias que motivan su creatividad. Desde Artik49 apostamos porque ese conocimiento llegue al público de una forma clara y sencilla.En nuestra sección artistas (enlace a web artistas) puedes encontrar vídeos y artículos sobre nuestra plantilla de creadores.  Esta labor nos acercará a las historias más profundas de los artistas y generará un mayor vínculo entre nosotros, el público, y la obra. La intimidad compartida del arte no tiene valor; por mucho que se pueda vender, la esencia del arte es incuantificable.

Después de esta reflexión, un paseo por nuestra galería de arte (enlace a galería), servirá para pensar e interpretar en las obras de arte que aquí presentamos de otra manera, quizá más compleja, quizá más sincera. Hemos querido sonsacar a nuestros artistas emergentes la esencia profunda de su arte, para desnudarlos con sus pinturas, sus fotografías, sus ilustraciones para un público, vosotros, que con libertad podréis interpretar de mil formas distintas sus creaciones en edición limitada, un cachito de ellos solo para vosotros. En vuestros hogares, oficinas, fábricas, en vuestros jardines… pero sobre todo en vuestro recuerdo. Para algunas personas solo quedará bien en una pared, para otras personas tendrá una potencia simbólica sin igual, pero es que eso es parte del arte y lo subjetivo.

Porque el arte tiene eso que solo tiene el arte.

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